miércoles 23 de julio de 2008

Lejos del infierno


Espero que hoy haya sido el último día (al menos por una buena temporada) en que llego a casa con taquicardia, las lágrimas en disposición de correr a borbotones y los músculos atrofiados como los de una muñeca de lana empapada en chorreante sudor. Último derrumbe en el sillón, con un vasito de fanta fresquito y la mirada perdida en las cortinas que retienen el sol tras la ventana, la flama intensa del mediodía andaluz, el ador asfáltico que derrite las suelas de los zapatos, los sesos, la razón...




Me voy unos días lejos de esta barbarie. Espérenme a mi llegada.

domingo 20 de julio de 2008

Un pequeño homenaje

La Dama Zahorí y La Niña de los Topónimos.
Ceremonia de Graduación. 14/05/2004

A nosotras mismas, que nos lo merecemos y lo sabemos.

sábado 19 de julio de 2008

Cuando las puertas del cielo te las cierran en las narices

Monumental es la cara de tonta que a una se le queda, cuando busca su nombre en las listas y no sale, cuando inserta cinco veces el DNI y no sale, cuando observa con estupor que gente con mucha menos nota que la suya ha entrado, y ella sale...

Las reglas del juego son las que son. Aceptadas quedaron y selladas con el pago de los famosos 73,35 €. Un concurso-oposición, con mucho más de concurso (friqui) que de oposición. Me he quedado en la mismísima puerta, frotándome mis doloridas narices, con miedo al futuro y muy poquitas ganas de hacer planes. Sé que toca recargar energías... y tendré que hacerlo en algún momento.

Todos me dicen que no me preocupe, que voy a ser de las primeras en la lista de interinos y que me van a llamar seguro en octubre. La niña de los topónimos ya está haciendo planes para la convocatoria de 2010, en la que nos vamos a aliar como un bloque invencible.

No sé cómo voy a hacer para pasar otra vez por esto.

NO LO SÉ.

Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto;
que haya un establo de oro en mis labios;
que soy un pequeño amigo del viento Oeste;
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.

Gacela de la muerte oscura
Federico García Lorca (1898-1936)

viernes 18 de julio de 2008

El Camino


Camino de las Cuarenta (Casariche), un veintisiete de mayo a las nueve menos diez de la tarde, después de un chaparrón, con arco iris al fondo y dedos de sol que abrazan el camino.

"Y las distancias son eternas
y los días infinitos,
y si el sol sale o no sale,
te da igual"

El Camino

Revólver


Vendrán otras muchas noches sin dormir, pero no por eso. Y muchos días interminables, transpirando hastío hasta por la mirada, pero tampoco por eso. Eso ya se ha acabado.

Hace días que no me tropiezo apuntes por todas partes, que la habitación de estudio parece una auténtica habitación y no el cuarto de los pergaminos de José Arcadio Buendía. Encuentro rápidamente los iconos en el escritorio porque hay solo 24 y no 50. Y la carpeta Mis documentos se ha quedado tan vacía... Me levanto temprano para trabajar en la escuela. Cuando llego, almuerzo y veo Los Simpson, con una extraña ansiedad en el hueco de la garganta. Una se queda rara, tanto tiempo y tanto esfuerzo invertidos en lo mismo acaban atrofiando la voluntad. Me muero de cansancio pero no puedo dormir la siesta. Vienen a mi mente fragmentos dispersos de temas variados (la subordinación adverbial, las obras de Calderón, ...) Por suerte tengo a mis alumnos, por mucha mucha suerte. Ellos me obligan a pensar que la vida sigue adelante, y tiene sentido.

Yo pensaba que, sucediera lo que tuviera que suceder, la sensación final tendría que ser un delicioso y chispeante cóctel de alegría y alivio a partes iguales. Deseaba embriagarme con este néctar, mas ahora que lo pruebo, me sabe extrañamente amargo, enrarecido, y lo aparto a un lado preguntándome qué ha salido mal, por qué esta angustia y estas pocas ganas de nada. Tejer y leer, leer y tejer, con una rapidez violenta, quemando todos los cartuchos necesarios para distraer la mente y evitar el encuentro a solas con el alma. Ese enfrentamiento cara a cara en el que ninguna de las dos tiene nada que decir...

He aprobado con la 3ª nota más alta de mi tribunal, un notable muy alto. Pero me voy a quedar sin plaza por apenas 3 puestos...¡hay que fastidiarse!

El resultado final y definitivo lo sabré dentro de unas horas, aún no he perdido todas las esperanzas. Simplemente he decidido acompañarlas en su lecho de muerte hasta el último momento.

miércoles 9 de julio de 2008

Soltando lastre


Este pasado lunes, entre las 12:30 y las 13:27 del mediodía, he soltado por fin la pesada carga que llevo arrastrando desde hace casi dos años (más pesada por momentos, sobre todo desde febrero hasta ahora). Finalizó el largo, duro, tortuoso, difícil (que diría el amigo Goñi - Básico 1-) camino cuesta arriba sin descanso que supone una oposición. Ahora toca relajarse, cosa que no estoy haciendo de ninguna manera, porque yo que sé..., después de tantos meses al límite, no soy capaz de terminar de desconectar...

Ya he grabado en un CD todos los temas, programaciones, etc, del portátil y lo voy a mandar a descansar muy muy lejos... Ha sido hermoso ver desaparecer todos esos iconos del escritorio.

Me dispongo a hacer lo propio con los apuntes, esquemas, mapas conceptuales y demás material con el que he comido y dormido a lo largo de este tiempo. Adiós, adiós....

Hola, hola a las agujas de tejer, a las labores atrasadas, a los libros aparcados...

Mari Carmen y Araceli me perdonan mis despistes. Ellas ya han pasado por todo esto y lo comprenden. Los niños no tanto: se asombran cuando llaman veinte veces a la seño y la seño parece que está en las nubes. A., que estaba hoy todo agobiado porque quería terminar ya su cabezudo, me dice: Seño, ¡¡es que tú no sabes el sufrimiento que esto significa para mí...!!

Sí que lo sé, A., sí que lo sé, y mañana te ayudaré a pegar cartón. A tí y a todos los demás.

Cuando descanse un poco, devuelvo las visitas, contesto los mensajes, etc, etc y etc. GRacias a todos.

viernes 4 de julio de 2008

Cabezudos


Frase de la semana:


"Maestraaaaaa aaaaaaaaa aaaaaaaaaa

Ayúdameeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee"


...pero no me canso de escucharla.


Ellos sí se cansan, demasiado rápido: de jugar a "pollito inglés", de imitar a personajes de las películas. Una necesita un histrionismo exagerado para transformarse en pocos segundos de Indiana Jones femenina, correteando por el patio al ritmo de "titiriti-titirí, titiriti-titirí-tí-tí...", a señorita hecha y derecha capaz de limpiar dientes de leche ensangrentados, indicar que el agua de la fuente es para beber y no para mojarse, evitar que los pequeños se suban a la higuera y mediar entre dos enanos que se agarran de los pelos (todo al mismo tiempo).


V. llora porque no quiere ponerse el delantal (eso es cosa de niñas). Al final se convence, y al final de la clase, le cojo en volandas como a superman. A. que nos ve, también quiere que la coja. H. me pide que cuente cuántos niños hay en clase para traer chuches el día de su cumple. R. me señala ¡Seño, ayer te ví!. Mando veinte veces a su sitio a J., A., D. y otros cuantos que hacen ruido como 100. A la una se marchan. La seño Mari Carmen, la seño Araceli y la seño Laurita recogen la clase como pueden, bañadas en pegamento, arrastrando papel de periódico en las zuelas de los zapatos, tropezando con los cartones, amontonando delantales, haciendo inventario de productos del botiquín, que es de lo que más consumimos.


Maestraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa


No me canso de escucharla.


Voyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy

martes 1 de julio de 2008

Rescates

Tal vez me llamaron con sus cientos de miles de palabras y los oí sin darme cuenta, distraída como estaba, buscando no recuerdo qué en el cuarto de las limpiadoras. Si no había nadie cerca, me asomaba furtivamente al cajetón enorme de papel para reciclar que descansaba en el rincón, junto a la nevera, con sumo cuidado, porque a veces la gente desaprensiva o despistada tiraba allí desperdicios que no correspondían. De cuando en cuando encontraba revistas o suplementos de periódicos, algunos tan viejos que no se me ocurre a quién se le ocurriría guardarlos ni con qué propósito. Mi habitación estaba enfrente, así que tardaba poco en hacerme con ellos y sumergirme ávidamente en su lectura. Los temas candentes en los años ochenta me llegaban con un regusto rancio pero exquisito. Nunca me he considerado hija de mi generación. Las amplias (y horribles) blusas con hombreras, las permanentes y gruesas gafas, las barbas, coderas y rodilleras, los jerséis de jacquard..., las páginas amarillentas de una revista que proclama de candente actualidad a personajes y temas obsoletos y caducos, el pasado presente tan real...todo aquello me llamaba la atención de un modo realmente escandaloso. Me preguntaba cómo pudo haber sido tener 18 años en 1985. Habitar ese corte temporal, vivirlo conscientemente y juzgarlo con la óptica del momento (aunque el acto de evocarlo me llevaba irremediablemente a idealizarlo...)

Soy un 75% nostalgia, lo sé. Y no sé qué haría sin ella. Algún día leeré a Proust.

Retiré unos papeles de la superficie y me manché las manos de recortes de lápiz severamente ajusticiado por el sacapuntas. Ellos me hicieron señas desde abajo. Les tendí la mano y agarraron el brazo. Azotados por las olas, llegaron a la orilla (mi regazo); sacudiéndose las gotas (raspaduras de hojas arrancadas de un cuaderno) recibieron su indulto. Fueron puestos a buen recaudo en mi habitación (guiño a La Ladrona de Libros, a quién aún no conocía) y, escondidos en el armario, vieron pasar el curso agazapados, conscientes de la aventura que acababa de cambiar sus destinos. En junio me acompañaron al pueblo y se instalaron en su nuevo hogar. Sobrevivieron a la mudanza de 2005 y a la de 2006 con magistral valentía y ejemplar discreción, sin alzar la voz por encima de El Quijote, Los pilares de la Tierra o los manuales de Lengua Española, Gramática Histórica, Literatura Española y Crítica Literaria con los que han compartido anaquel en los últimos años.

Hoy ha llegado su hora. La hora de demostrar lo que valen.





El primero por sus textos y el segundo por sus actividades. Ambos se complementan para valer mucho más que su peso en oro o en cualquier metal sensiblemente menos útil que una buena tajada de conocimiento. Hoy no es un mal día para agradecerle a los libros lo que ellos me han dado a mí.