Feliz 2010

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No se me da nada bien eso de los balances, y el motivo no es otro que el hecho de que el paso de los años me pilla cada vez más desprevenida. El juego de la vida tiene en sus reglas mucha letra pequeña y, gracias al Cielo, con el paso de los años se me va agudizando la vista. De los propósitos que me voy planteando, unos los cumplo y otros no. Me propongo mejorar cosas (en los términos en los que, en ese momento, considere como "mejorar"), y unas veces lo consigo y otras, no. Vengo al blog, digo cuatro cosas, y lo que digo lo mantengo (aunque, de vez en cuando, sólo de vez en cuando, no).


No obstante, el año se acaba, igual que el tiempo se consume mientras escribo. Este año me ha dejado un regusto a toffee de nata, a miel de Grazalema, a ese punto de nuez moscada que me gusta ponerle a la salsa carbonara, y a un pelín de limón, muy ácido, pero como sólo es un pelín, pues queda encubierto por todo lo demás.


Feliz año a todos, y que las musas no nos abandonen.


Treinta de diciembre, 10:07 AM

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Lo primero que necesito para escribir es soledad. Lo segundo, orden. Lo tercero, no tener nada más dándome vueltas por la cabeza, lo cual es sumamente difícil.

Le estoy regalando a mi cuerpo y a mi alma las mejores vacaciones navideñas de toda mi vida. Como no para de llover, me paso las tardes tejiendo y tejiendo. Mucho no se puede hacer con este tiempo tan revuelto, así que reflexiono, y acabo dándome cuenta de que todo es mejor de lo que a simple vista parece. He hecho un bizcocho con nueces, chocolate blanco y chocolate negro, una tarta de galletas que ya nos hemos comido, y un flan de chocolate para mis suegros. Tengo preparada la cocina para hacerle a mi padre un bizcocho de los que le gustan, con sabor a limón.

He reformado el blog, he ordenado los armarios, sólo me queda organizar el cuarto de la costura y la plancha, hacer cuatro arreglillos y acomodar un cajón de lanas que me traje de casa de mis padres. Para mañana, si sigue lloviendo, que seguirá, tengo programada una buena sesión de cocina de la que saldrán suministros para todo el mes entrante. Estoy pletórica.

Y voy a disfrutarlo porque, en cuanto asome los bigotes el 7 de enero...

...vuelven los madrugones, los kilometrajes, pasar lista, comprobar deberes, partes de conducta, reñir, reñir, reñir, tratar de enseñar algo, reñir, reñir, reñir, tomar aire, reñir, preparar material, lecturas, fichas, corregir... y lo que surja.

...vuelven los temas, los resúmenes, los esquemas, y ya sólo quedarán seis meses para el gran desenlace. Opositora otra vez, así son las cosas.

...volverá probablemente el desánimo. Y eso que me voy con las pilas bien cargadas.

Vuelva lo que tenga que volver, estamos a treinta de diciembre y son las 10:07 de la mañana. Y el mundo, señores, al menos por hoy, me lo pongo por montera.

Sobre el orden

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Soy una obsesa del orden (aunque si os asomáis ahora mismo a mi despacho no os lo creeréis). Archivadores, portacedés, cajones de plástico con tapadera hermética y ruedas (mis preferidos), organizadores de armario, distribuidores de cajón... los adoro. No me desenvuelvo en el desorden, simplemente, no funciono. He sido así desde que era adolescente. Primero era un desastre; después, no sé qué bicho me picó, no era capaz de sentarme a estudiar hasta que todo estaba en su sitio, la sala barrida, el estuche a la izquierda del cuaderno, los diccionarios a la derecha (siempre he usado uno normal y otro de sinónimos). Durante mi vida universitaria tuve que adquirir otros hábitos, dado que compartía habitación y difícilmente conseguíamos acumular los bártulos (flexos, calentadores, mantas, tendedero, cafetera, infernillo, cazo para calentar leche, mini-despensa, etc). Mis costumbres se flexibilizaron considerablemente... hasta que me casé y tuve mi propia casa. Ahora me desconcentro por el simple hecho de que un florero esté unos centímetros más allá de lo correspondiente, o porque me haya dejado cubiertos sin guardar sobre el poyo de la cocina, o por diez mil tonterías del mismo calibre.

No puedo sino imaginar que tanta obsesión por el orden proviene directamente de mi inseguridad. Necesito saber que las cosas van a estar ahí cuando las busque, tengo que estar segura de que a los cedés, a los apuntes o a los zapatos no les van a salir patitas y van a correr por ahí a esconderse. Cuando no encuentro algo, me pongo nerviosa, muy nerviosa, en esos casos quisiera tener un buscador, un google metafísico, casero, en el que sólo con teclear sacacorchos, martillo o lápiz de labios apareciera una ruta mágica que descubriera automáticamente el camino hacia el objeto deseado.

Cuando estoy limpiando, cuando estoy tejiendo, cuando estoy conduciendo o de compras en el supermercado, a veces, fortuitamente, aparecen las respuestas de preguntas que he ido lanzando al aire. ¿Cómo puede ser que, buscando la fecha de caducidad de la leche, acabes descubriendo por qué perdiste a aquél amigo?. ¿Cómo, al activar el intermitente de salida de una glorieta, se descubren en tu mente las razones que necesitas para continuar con tu trabajo?. ¿Cómo, al cruzar la calle bajo un paraguas, se despejan las incógnitas solas, sin ayuda de fórmulas?

La mente siempre está alerta. El centinela nunca duerme. De vez en cuando grita, pero no se le oye con el ruido del tráfico, de las responsabilidades, de los dolores musculares o de las noticias sobre la crisis económica. Hay que escucharse más y quejarse menos. Hay que ordenar, pero ordenar lo justo. No hay que obsesionarse. Las obsesiones ciegan, y la ceguera, a lo único que puede contribuir es a que demos un buen tropezón, salgamos rodando y nos rompamos la cabeza.

Volver a empezar

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Necesitaba una limpieza, un cambio. Digamos que el blog antiguo me olía un poco a humedad, así que he dedicado parte de la mañana a airearlo. Las entradas antiguas las he guardado en los cajones que encontraréis más abajo a la derecha, así que, si necesitáis alguna palabra, puede que esté por ahí.

El blog ha estado muy descuidado desde que empezó el año, y debo decir que no ha sido exclusivamente por dejadez mía. Este año ha pasado como un ciclón que me ha puesto del revés. La boda, los sucesivos cambios de trabajo, los traslados, mil contratiempos..., estas cosas y otras tantas me han hecho vivir este año como si, en vez de uno, hubieran pasado tres. Sin embargo, también debo decir que me siento plena como no me he sentido nunca, y que ahora es verdaderamente cuando sé que estoy viviendo la vida que yo quiero. Los veintisiete años anteriores no han sido más que un ensayo.

Me he propuesto visitaros más, comentar más, leer más, tejer más. No sé cómo lo voy a hacer, pero seguro que lo hago.

Y como además es Navidad, aprovecho para felicitar a todo el mundo.

Besos.