Balance y, sin borrón, cuenta nueva

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Se despide este año 2008, tan intenso y vertiginoso para mí como una corriente fluvial que se despeña ladera abajo. Sobre una tierra desgarrada por grandes pérdidas han acabado floreciendo triunfantemente grandes esperanzas. El zarpazo incial escondió su insolente rabia. El rumor de los días alumbró pensamientos, palabras, obras, omisiones... todo fue ordenado, revisado, puntualizado y parafraseado, para ser vertido en este diario de a bordo que comparto con todos ustedes.

Hasta aquí, el balance, breve, para qué más largo. Dejemos descansar el pasado en los anaqueles. Ya tuvo su momento, y pasó.

Dentro de dos días, la cuenta nueva. Un nuevo viaje alrededor del Sol. Lo mismo de todos los años (y ya son 27) pero... ¿nos lo vamos a perder?

El borrón no hace falta. Amo lo que soy, tanto como lo que he sido o lo que llegaré a ser. Mis momentos de odio, de rechazo o de vergüenza, comienzan a diluirse cuando el óxido del pasado empieza a relucir en ellos. La herida de mi pecho a veces me grita mientras duermo. Yo le digo que se calle, y ya está.

Deseos tengo tantos, tantos, tantos... y todos se resumen en uno: deseo contemplar cada uno de los 365 amaneceres y 365 anocheceres de este año con una sonrisa en los labios.


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Gracias a todos los que siguen los avatares de esta humilde dama. Que el 2009 os traiga todo lo mejor. Mil gracias a todos.

Sí, quiero

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Para qué nos vamos a andar con rodeos...

Será el próximo 7 de marzo, a las 6 de la tarde. Una ceremonia íntima, que espero que sea muy muy especial.

Ese día le diré que sí, aunque ya se lo dije hace mucho tiempo. Pero se lo diré otra vez, y desde entonces, para siempre, mi alma lo estará repitiendo.

Para siempre... ¿y por qué no va a ser para siempre? Yo quiero que sea para siempre. Ambos deseamos que dure siempre.

Que así sea. Claro que sí, que quiero.

Sobre sufrir y dañar

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Acabo de lanzar una noticia al mundo, algo que desde hace mucho estaba esperando y que en el momento de conocerla me ha colmado de felicidad.

Una felicidad tan diáfana, tan pura, tan auténtica en sí misma, una de esas certezas que te hacen crecer y te riegan de dicha, que... tantas cosas...

Así que no puedo creer, me cuesta creer, que una fuerza tan intensa y positiva, nada más nacer, ya se encuentre agonizando. Cuánto cuesta alimentar un sentimiento moribundo, una esperanza recién llegada al mundo que ya tiene un pie fuera de él.

Envidia, mentira, hipocresía, desconfianza, egoísmo, soberbia, rechazo, ignorancia, desvergüenza, descaro.

Cuando cada una de estas armas se acerca a tu piel, se te eriza el vello y sabes que su aguijón no tardará en derramar por tus venas todo su veneno. Y la ponzoña fluirá por tu sangre, y también te invadirán ellos: la envidia, la mentira, la hipocresía, la desconfianza, el egoísmo, la soberbia, el rechazo, la ignorancia, la desvergüenza, el descaro.

Y todo el brillo que has intentado sacarle a tu alma se oscurece de pronto. Y toda la luz que has acumulado para multiplicarla y repartirla entre todos a los que amas se hunde en una tenebrosa marea.

Te preguntas qué has hecho para merecer esto, pero sabes que es tontería, porque nadie te va a responder.

Y acabas dándote cuenta de que lo peor de que te hagan daño no es el daño en sí, sino que los sentimientos que te provoca hacen que te sientas peor persona.

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Nota: Os pido disculpas a todos por no visitaros como es debido. Estoy solucionando una serie de asuntos que me pueden tener cierto tiempo alejada del blog, pero no os preocupéis, que volveré. Os quiero.