jueves, 5 de febrero de 2026

Mañana no se sabe

Se suceden las borrascas y la cabeza me va a estallar. El ojo derecho sucumbe a la ptosis. Crujen las articulaciones. Escuecen las cicatrices repartidas a lo largo del cuerpo, relatando sus historias en una polifonía de radionovela. Revientan húmedas pústulas en las paredes que se pintaron este verano. Y cuando salga el sol, las tendré que volver a pintar. 

Se suceden los archivos cuajados de borradores en mi portátil, con más de diez años, que todavía, pese a los kilómetros y las batallas, cumple sus funciones con dignidad. Los ojos repasan, protegidos tras las gafas. Cruje la espalda. Revuelan las palabras al azote del teclado que las barre de una página a otra, en busca de una cohesión que nunca parece adecuada. Rielan las gotas de lluvia en el cristal de esa ventana que exhibe a la luz del día mi silencioso diálogo con las sombras. Y cuando toque hueso, me volveré a quedar muda y la página seguirá en blanco un día más. 

Se suceden pensamientos grises y cefaleas de origen tensional. El ojo derecho ha arrastrado al izquierdo y se va apagando la voz física pero la mental no para de gritar. No te permites caer. Con lo bien que aprendiste a no hacerte concesiones, ¿se las vas a permitir a una enfermedad? Respetas en tiempo y forma la pauta del tratamiento. Unos días cunden más porque despiertas como si renacieras, no hace frío ni calor, soñaste con las palabras que querías escribir, no tienes que hacer ningún recado y recuerdas que en el congelador aún te quedaban varias fiambreras de lentejas. Otros días te cunden menos porque la casa parece haberse vuelto del revés durante la noche, se te había olvidado que la masa de las croquetas esperaba en la nevera y tu sistema inmunitario ha decretado que hoy no hay orden que valga. Y piensas sin querer en tantas y tantas veces como te han recordado "lo bien que estás", abrasándote en la ignota quemazón de los cirios que te arden por dentro. Y otra vez te amarran a la cama los mismos lazos que te impiden salir huyendo en tus pesadillas. Y no hay forma de gritar, ni en este plano ni en ningún otro: la afonía es el leitmotiv de las realidades que habitas. 

Mañana amainará. O no. 

Mañana escribiré. O no.

Mañana avanzaré, creceré, adelantaré, produciré, culminaré. O no.

Mañana, si es que se me espera mañana. O no. 



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