lunes, 5 de enero de 2026

Vivir para fabularlo

Analizando tanto el contenido como la forma que adquirieron las últimas entradas que escribí en este blog, así como el lapso temporal que las separa, pese a que el año pasado me hice la secreta promesa de intentar no abandonar el hábito de la escritura, no me queda más que aceptar lo que parece que no quiero ver al asomarme a esta ventana y que no es, ni más ni menos, que lo que contemplo cada día al despertar: mi propio y silencioso repliegue hacia un lugar recóndito y cada vez más oscuro en el que pincha y escuece una supuesta comodidad cada vez más incómoda. Tres años y medio después de haber tenido que decirle adiós a mi trabajo soñado, el que absorbió las horas más lúcidas de mis edades más enérgicas, no fue una forma de ganarse la vida lo único que se marchó: todo un afuera, toda una arquitectura repleta de atrezzo, personajes y argumentos, con su propio aparato tramoyístico que, de vez en cuando, se revelaba capaz de estallar en fuegos artificiales, se desvaneció de pronto como un fundido en negro en el que la más desnuda incertidumbre se convierte en el contenido único del resto de los fotogramas. No me quedé vacía. Me quedé sin un horizonte hacia el que caminar. Di vueltas en redondo. Retomé actividades, relaciones y figuras del pasado. Recontextualicé. Redoblé esfuerzos para atender a mi familia y mis obligaciones después de que lo que fuera que se rompió en mi interior se mostrara a todas luces imposible de recomponer. 

Volví a escribir como por inercia, en esta que fue mi casa desde 2007 pese a que en un momento dado borré su estructura con dos golpes de teclado. Poco a poco la vestí de nuevo, la fui reformando al hilo de una realidad a ratos desoladora y amable a otros tantos, llegando en ocasiones a unos matices tan barrocos que borraba las entradas antes de publicarlas por tratarse de pastiches, sentimientos sin orden, pensamientos sin dirección. La mente disciplinada a base de estudio y entrenamiento diario se había tornado una esponja tan empapada de sus propios jugos que el moho empezaba a conquistar su superficie. Tocaba escurrirla, higienizarla, dejar que sus poros se abrieran al abrigo del sol y al azote del viento. Las noches de insomnio presidieron el derrame del contenido de los cajones a lo ancho de un pavimento movedizo, las puertas que volaron por los aires al ser golpeadas sin misericordia por el ímpetu de la inundación. Seco y oreado el músculo del desengaño, abiertas las grietas por donde la existencia abandona sus sedimentos, no queda más que una página en blanco y la confusa promesa de honestidad que proporciona la máscara literaria. 

Todo esto solo para decir que me propongo, una vez más, a tratar de escribir más y mejor, de limar un estilo que termina por arrastrarme a una aparatosidad que me obliga a rechazarlo, que continuaré arañando el tiempo y el silencio necesario para saldar una deuda interior que no dejará de atormentarme mientras los granos de arena se precipiten inexorablemente por el itsmo de su estilizada prisión de cristal: vivir para fabularlo. 



5 comentarios:

ROCIO DOMINGUEZ RODRIGUEZ dijo...

Tienes que seguir escribiendo. Tu público te espera, escribas lo que escribas o cómo lo escribas 💜

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Laura dijo...

Muchas gracias, querida amiga. Me siento en profunda deuda con las personas que aún me siguen y me leen, mi compromiso es estar a la altura de vuestra fidelidad siempre. Un abrazo grande.

Inma dijo...

Maravilloso escrito Laura. Nunca dejes de hacer y expresar lo que sientes, cuando puedas, cuando quieras❤️❤️❤️❤️

Laura dijo...

Muchísimas gracias, querida Inma. Caminamos y compartimos al unísono. Un abrazo.