No sé cuánto hace que no me doy un paseo bloguero como Dios manda. Precisamente una de las tardes que más ocupadas tengo, me he dedicado a repasar mi lista de enlaces, comentando en unos sitios y pasando desapercibida en otros, siempre rápidamente (mi abuela solía reñirme cariñosamente por esta insoportable manía de ir con prisa a todas partes). Tengo bastante trabajo y no exagero: preparo los últimos exámenes de mis niños y dentro de un par de semanas son las evaluaciones. Por otro lado, se acercan las oposiciones, y yo estoy estudiando poco y mal. No sé si será consecuencia de un nerviosismo que aún no se ha manifestado con la suficiente contundencia, pero lo cierto es que me siento como si me diera igual aprobar o suspender, obtener plaza o quedarme otra vez sin ella. Lo único que realmente me apetece es estar en casa, ocupada o no, pero en mi casa, rodeada por mis cosas, mis libros, mis muebles, en fin, por todo lo mío, y no en un lugar donde, aunque no pueda decir que esté mal, no encuentro la suficiente comodidad, calma, familiaridad..., ese no sé qué que hace falta para librarse un rato de una misma.
Todo está en obras, en mi localidad y en la localidad donde trabajo. Cada día se corta una calle y se abren desvíos en los lugares más insospechados, de modo que no es raro encontrar glorietas con circulación en ambos sentidos regida por simpáticos operarios de chalecos reflectantes que esgrimen señales de tráfico en forma de paleta, coches aparcados sobre las aceras, pasarelas sobre zanjas rellenas de hormigón fresco. A las complicaciones cotidianas se añade la inoportuna necesidad de esperar más de lo acostumbrado en ruidosos atascos o de aventurarse a hallar una ruta alternativa y pagar con la moneda del tiempo el precio del tedio que se pretende evitar. El motor se calienta y el depósito se consume. Pero aguanta.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)





6 comentarios:
Dicen que el que resiste gana. Venga, un poquito más...
Besos
Yo también estoy con el final de curso encima. El agobio ya se ha cernido en mí, quieres un poquito? es broma!
La tregua!! Qué gran libro, uno de mis favoritos, y además uno que me encanta recomendar :)
Ánimo Laura, ya queda menos!
Muchas gracias por el comentario. Animo con los exámenes, tienes que conseguirlo.
Nos vemos cuando termines.
Estoy en las mismas; Mantengo mi blog pero casi no visito el de los demás (Por ejemplo el tuyo) y me siento muy reflejado en tu impresionista descripción del tedioso tráfico urbanícola.
Besos
Leyendo tu relato cualquiera diría que vives en Madrid.
Animo que ya falta poco
Un beso
Un empujoncito. Solo falta un empujoncito... Animo!!!
Por cierto, un consejo general sobre la Pradera es que no hagas nada que te guste mucho o que te quieras poner con frecuencia... No es que pusiera muchas expectativas en ella, pero a mi me defraudó soberanamente.
Publicar un comentario en la entrada