Un invierno en Macondo


Llovió cuatro años, once meses y dos días. Hubo épocas de llovizna en que todo el mundo se puso sus ropas de pontifical y se compuso una cara de convaleciente para celebrar la escampada, pero pronto se acostumbraron a interpretar las pausas como anuncios de recrudecimiento. Se desempedraba el cielo en unas tempestades de estropicio, y el norte mandaba unos huracanes que desportillaron techos y derribaron paredes, y desenterraron de raíz las últimas cepas de las plantaciones. Como ocurrió durante la peste del insomnio, que Úrsula se dio a recordar por aquellos días, la propia calamidad iba inspirando defensas contra el tedio.


Cien años de soledad
,
Gabriel García Márquez.


Cierto día, hace ya más años de los que parece, una amiga y yo cruzábamos la calle San Fernando, desde la majestuosa puerta de la Facultad, en medio de un potente aguacero. Ella comentó: "No para de llover ni un día. Esto parece Macondo..." . Me pareció un comentario tan ingenioso, que siempre que vienen muchos días de lluvia me acuerdo de aquello.
Desde el coche, empiezan a brillar los campos, al despuntar el amanecer. Anegados, el viento riza olas en ellos. La lluvia golpea el cristal, con más o menos insistencia. Llego casi tarde, casi todos los días. Los niños pasan el recreo en la planta de abajo, y cuando suben a cuarta hora no hay quien los aguante. No salir al patio les enerva. A nadie le importan los adjetivos. Las nubes negras amenazan nuevamente tras los cristales, les esperan a la hora de salir.


Los mejores días para tejer los desaprovecho no tejiendo. Después de corregir, toca estudiar. Después, algo leeremos, si se puede, y si no, a dormir, o a charlar.


Calcetines gruesos y estufas al máximo. Mucho viento y paraguas que dejo en el maletero del coche para no perderlos por ahí. Botas llenas de barro color albero. Kilómetros mojados. Madrugadas, amaneceres. Borradores de convocatorias de oposiciones, números de plazas, pronósticos y cursos homologables u homologados. Preparativos para el día de Andalucía, para las preevaluaciones, para las reuniones de esto y de lo otro. Llamadas de un marido que echa de menos a su mujer y le aconseja que coma, que descanse, que ya está bien por hoy. Comida en fiambreras. Cincos, cuatros, cuatros y medio con los que no se sabe qué hacer. Absentismo. Temas resumidos en un folio. Días tachados en el calendario.


Pasa el invierno en Macondo.

8 comentarios:

Inés dijo...

Uno de mis libros preferidos sin ninguna duda.

Yo también pienso en él cuando llueve, es curioso...

Gracias por pasarte y por felicitarme!

∫эЅšψ dijo...

Uno de mis grandes libros pendientes. Pero lo tengo esperándome en la estantería, aguardando a que el verano me de un respiro, las clases se acaben y tenga todo el tiempo del mundo para saborear la lectura.

Un saludo! Y mucha suerte! ;) A veces los alumnos no lo ponemos nada fácil.

Luis y Mª Jesús dijo...

Me da rabia que te estés desilusionando con la enseñanza porque estoy segura de que eres muy buena profesora.
Es una pena que hayas dejado tu trabajo anterior por este, se te veía contenta en aquél.
Un abrazo

Luisilla dijo...

Es que no me lo creo, Cien años es uno de mis libros favoritos, sino el más favorito de todos y éstos días de lluvia impenitente, pensaba en Macondo y su lluvia.
Para que luego digan que no existe la telepatía... jejeje.
Besitos preciosa.

Juan Luis G. dijo...

A mí me toca casi todas las tardes estar con mi hija, y con este tiempo no podemos ir a perseguir palomas, su afición favorita. Los días que no sale se nota, vaya que sí se nota. Los niños de Macondo debían estar de los nervios.

Un abrazo y dale duro

Miranfú dijo...

A mí también me encantó Cien años de Soledad, es uno de los pocos libros que he releído, varias veces además.

Me imagino cómo deben estar los niños sin poder salir al patio a soltar toda la energía que se tiene a esas edades, y que debe ser duro aguantarles, pero tú piensa que después de la tormenta siempre, siempre, llega la calma... y el mal tiempo no va a durar para siempre.

Un beso!

JUANMA SUÁREZ dijo...

Bufff, me había quedado algo rezagado con tu blog. Ahora entro, veo que has escrito bastante, y que le has cambiado la piel.

Desde la última vez que te leí, parece que te has hecho con las riendas, parece que has salido a la luz, parece que abres nuevos paisajes, parece que vuelves a brillar, a pesar de alguna nubecilla de aguacero..., y me alegro, de verdad.

Me han encantado las entradas con la canción de Paul McCartney (es una de mis canciones antidepre -algún día te contaré algo sobre ellas-) y la de El Brujo y el Lazarillo. ¿Por qué? Ni idea, pero es así.

En fin, señorita..., no, señora profesora, me alegro de encontrarte activa, aunque sea en Macondo.

Como dice Mark Knopfler: "There should be sunshine after rain. These things have always be the same, so why worry now?"

Adijirja dijo...

Veo que la lluvia ha descalabrado mucho por esos lares. Menudo invierno está dejando por el sur.
Otro post excelente. O cada vez escribes mejor o yo cada vez leo por ahí menos cosas interesantes.