Primero fue el agua, una lluvia incansable, insistente, intermitente unas veces y otras, interminable. Se iba el mundo en agua. El agua se coló por todas partes, se filtró por las paredes, despegó la pintura verde manzana del despacho y la pintura beige del dormitorio. El agua se desbordó hasta penetrar en los sueños y empaparlos. Un fino reguero, preso del armario, se desgranaba madrugada tras madrugada, y su tic-tac hacía el sueño imposible, como en aquellas antiguas torturas en las que el condenado acababa volviéndose loco al privarle de su necesario descanso.
Ahora es el viento. Rachas huracanadas. Ropa volando por los tejados. Cabellos encrespados que azotan los rostros. Ventana abierta, portazo seguro. Puede ser que volemos, como la ropa por los tejados. Puede ser que nos encontremos en el cielo, o a ras del suelo.
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Desde el martes pasado estoy en casa. He tenido un virus extraño cuyos aplastantes síntomas (fiebre, vómitos, dolor de cabeza, irritación de garganta, afonía, acuciante debilidad) comenzaron a manifestarse ese mismo día y me impidieron terminar mis horas de clase. Conduje hasta casa con mucho cuidado, fui al médico, adquirí las medicinas y me tumbé en el sofá al abrigo de una manta. En los días siguientes fui empeorando poco a poco, hasta que ayer parece que los antibióticos hicieron efecto y, al menos, pude preparar la cena. En este paréntesis no he hecho otra cosa que dormir (muchísimo), tejer, destejer y volver a tejer algo, y ver algunas películas.
Aunque es innegable que el citado virus tuvo que ver con el malestar que el martes me retiró de mis obligaciones, no lo es menos el hecho de que una apremiante ansiedad, que ya llevaba tiempo rondándome, me tenía agarrada por el cuello y no me dejaba respirar. No eran mis sienes las que palpitaban, era su tambor de guerra el que hacía eco en todo mi cuerpo y golpeaba espasmódicamente mi sentido de la cordura. Después de muchos años, y de muchas batallas ganadas por mi parte, ella regresaba, fortalecida, y se instalaba definitivamente en mí como un gran señor en su feudo recién conquistado. Después de muchos años, ella había conseguido ganar.
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Si hice lo que hice, fue porque me lo advirtió mi sentido común. Si me lo advirtió mi sentido común, no veo por qué tenga que ser menos válido que el de los demás. Yo tengo mi verdad, los demás tienen la suya. ¿Es esto una batalla de verdades? No, es un coloquio en el cual el objetivo principal debe ser conciliar.
El año que viene será diferente. No veo por qué tenga que esperar al año que viene. Las cosas pueden ser diferentes ya. Nadie va a valorar mi esfuerzo si no empiezo por valorarlo yo misma. Me exigen resultados inmmediatos... yo no tengo la llave de la inmediatez, yo no puedo llegar hasta donde me exigen. Yo puedo entregar hasta donde sea coherente dicha entrega. Yo no puedo sacrificar mi vida personal por un hipotético resultado que todos sabemos que no se va a materializar. Yo puedo trazar los cimientos de un edificio, pero no construir el edificio entero.
Y todo lo demás, ¿qué?. Si es todo lo demás, es que verdaderamente no es lo más importante.
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Ansiedad = 1; Dama Zahorí = 0.
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El viento aúlla, azota los cristales, pero al menos hace sol. Hoy puede ser un buen día para cambiar. En realidad, todos lo son.





10 comentarios:
Pues el mismo virus se ha cernido en mí, tampoco he podido ir a trabajar.
Lo he pasado realmente mal, pero bueno ahora sólo queda algún rastro de tos...
ánimo guapa
No dejes nunca, me oyes, nunca que el marcador te sea desfavorable, Laurita. Nadie como tú conoce la lucha y la victoria. Eres una ganadora, ¡no lo olives! derrotaste a esa enfermedad y nada es más importante, con lo cuál cualquier cosa que te atormente debes aislarla de tu cabeza.
Cualquier día es bueno para empezar, hasta este día gris y ventoso de hoy (aquí ya tiró dos árboles en mi barrio).
Besos y suerte
Un placer siempre pasar por tu espacio. Siempre algo diferente y enriquecedor... Bebiéndome tus letras.
Saludos y un abrazo enorme.
No te dejes vencer, no hay que dejar espacio a la derrota, cada día es una lucha, aunque sea cansado. Ánimo preciosa, nos tienes aquí para lo que sea!
Pues asume lo que dices: 1.- primero debes valorar tú tu esfuerzo. 2.- no puedes sacrificar tu vida (por nada).
Así que todo pasa a ser relativo. Simplemente (o complicadamente), hasta donde se pueda.
Cualquier día es bueno para empezar a aislar los miedos y ansiedades y entonces todo parecerá mucho más fácil. Aunque lo cierto es que una cosa es decirlo y otra muy diferente hacerlo, yo también estoy en ello.
Espero que ya estés recuperada de ese virus.
Besos
La ansiedad es un virus malvado, pero tú puedes ser el mejor antibiótico.
¡ A por la remontada !
1-Espero que ya estés mejor.
2-Que nadie te haga dudar de lo que vales.
3-Se podrá ganar una batalla a la ansiedad pero no la guerra.
:)
Besos!
Niña, he tenido problemas de escritura pero no de lectura. Te sigo siguiendo.
Porquería de invierno que estamos teniendo.
Pero ya llega la primavera. No permitas que nada ni nadie tome las riendas de tu vida.
Mira que te vigilo.
Hazme un favor, pasate por mi blog
Un beso
Nena... que buen post!!! No me extraña que seas profe de literatura... :)
El agua y el viento. Maravillosa descripción.
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